
El problema que aparece es que los ftalatos y el BPA pueden disminuir biomarcadores asociados a disruptores endócrinos. En palabras más simples: son capaces de interferir en el correcto funcionamiento de las hormonas. Sin embrago, un interrogante clave permanece abierto: ¿Es posible demostrar que las exposiciones a sustancias como los ftalatos y el BPA producen efectos biológicos concretos? Y es aquí donde los modelos experimentales cobran especial relevancia.
En investigación biomédica, un modelo experimental es una representación simplificada de un fenómeno biológico que permite estudiarlo en condiciones controladas. Estos modelos pueden utilizar cultivos celulares o también organismos vivos como plantas o animales. El objetivo es comprender procesos complejos para luego orientar estudios posteriores en seres humanos.
La plataforma ZebraTox utiliza zebrafish (Danio rerio), un organismo ampliamente reconocido en toxicología ambiental y biomédica, que permite estudiar diversos procesos como el desarrollo embrionario, la reproducción, la neurotoxicidad y los efectos transgeneracionales de contaminantes emergentes.
Diversos estudios ya han demostrado que microplasticos y sus versiones aún más pequeñas, los nanoplásticos provocan alteraciones en procesos concretos relacionados al desarrollo, estrés oxidativo, inflamación, cambios reproductivos y efectos sobre generaciones futuras. Estos resultados se obtuvieron a partir de evaluaciones en cultivo celular. Por otra parte, los microplásticos actúan como vehículos de otros contaminantes y aumentan la complejidad de los riesgos ambientales.
